Ella tendía su mano Con una voz áspera como las hojas de maíz al viento gritaba Un huevo Dame un huevo y te mostraré a Tzab-Can Desde adentro de la canasta se escuchaba un ruido apagado como gotas de lluvia golpeando las hojas secas de la selva No queremos verlo decían algunos de los porta agua refunfuñando Escuchen La anciana inclinaba la cabeza Canta con su cola Resopló una risa de ave vieja Luego como lo hacían siempre el primero de los porta agua sacaba lentamente un huevo del bolsillo y lo colocaba en la palma brillante de la anciana Los niños se amontona ban sobre la anciana que le susurraba algo a la canasta Un duro y vil traqueteo salía de ella La anciana quitaba la tapa y una lengua negra se asomaba por el borde de la canasta Es Tzab-Can gritaban los niños y daban un salto atrás Pero sin dejar que sus jarros de calabaza se cayeran La anciana graznaba de júbilo Colocaba con rapidez la tapa y se dirigía a los niños sonriéndoles con su cara arru gada Ven se reía como ella los espera Los niños corrían a la cueva bajaban por la escalera y llenaban sus jarros en los pozos pandos en los que los chachalacas chachalacas y las palomas de tierra venían a beber en la temporada seca Cada mañana cuando trepaban para salir la anciana había desaparecido junto con la niebla Antes de que llegaran a los jardines de sus casas podían escuchar el llamado de caracolas resonando desde la cima del palacio del Gobernador anunciando la salida del sol Y podían ver sobre las copas de los árboles la cima de la Gran Pirámide por cuyas escalinatas los sacerdotes se apresuraban con agilidad mientras los penachos de sus tocados ondulaban ondulaban al correr
Los porta agua no sabían pero la choza de la anciana se situaba en la profundidad de la selva lejos de las suyas A veces alimentaba a su serpiente con el huevo que le daban A veces lo cocinaba y se lo comía ella Pero una vez porque ella siempre había querido un hijo envolvió un huevo con uno de sus vestidos llamados huipil y lo colocó sobre una roca suave y lisa en el suelo Luego se arrodilló rezó a sus dioses y esperó a que el huevo naciera A la mañana siguiente los niños no la encontraron en la cueva Tzab-Can la mordió dijeron Pero eso no era cierto Cuando el sol bajó Tzab-Can subió con cuidado sobre el huipil y se enroscó alrededor del huevo para mantenerlo a salvo toda la noche mientras la anciana rezaba Día tras día la temporada seca agrietaba el suelo y volvía polvo a la tierra La anciana siguió sentada frente al huevo cubierto mientras el sol quemaba el techo de la choza Al medio día se ponía tan caliente que la serpiente apenas se podía mover Se dejaba caer de golpe al suelo
Pero una noche la anciana escuchó un ruido como si miles de ratones se colaran por entre el techo de paja No había escuchado ese sonido en mucho tiempo Llegaron las lluvias Cuando la serpiente que reposaba junto a la entrada sintió el salpicar en su piel se adentró ondulando entre la selva De repente el huipil se movió Un chillido como el llanto de una diminuta ave de la selva salió de él La anciana levantó una manga del huipil y allí estaba el pequeño niño
Mis oraciones fueron escuchadas gritó la anciana Era el niño más hermoso que jamás hubiera visto Lo alimentó con miel de una colmena de abejas mayas sin aguijón y tortillas de maíz que cocinaba en una piedra sobre el fuego Le dio frijoles chayote y papayas que ella cultivaba en su milpa o parcela Pero no creció más que un pequeño ciervo de la selva Sólo envejecía El pequeño vio a los niños de Uxmal cuando camina ban por el sendero de la selva hacia la cueva Él se escondía detrás del tronco de una ceiba y los observaba reírse juntos mientras cargaban sus jarros de calabaza Vio que ellos no eran como él Y les tenía miedo El chico jugaba con su amiga la serpiente durante la temporada seca Cuando las lluvias volvían él y la anciana trabajaban hasta el atardecer en la milpa El día en el que cumplió quince años la anciana le habló con gentileza Hijo mío eres Tol el hechicero enano Un día gobernarás la grandiosa ciudad de Uxmal Pero a mí me gusta aquí gimió Me gusta estar aquí con Tzab-Can y contigo Él corrió a la choza y se arropó en la hamaca y le dio la espalda Después de un rato la anciana le habló de nuevo Mañana irás donde el gobernador Te diré qué decir Esa noche Tol no pudo dormir Observó la lámpara que ella había puesto en el medio del suelo Sus llamas chirreaban en la oscuridad Un búho pequeño y redondo se posó sobre las cuerdas de la hamaca Se inclinó hacia adelante No temas silbó el búho a su oído El ave voló rozándole el rostro La llama de la lámpara se estremeció al pasar Tol dio un largo suspiro Se enroscó en su hamaca y se quedo dormido