1 La niebla se movía a la deriva entre las hojas de las lianas de la selva Flotaba en espirales por la abertura de la cueva de piedra caliza en la que la anciana permanecía sentada En la temporada seca la niebla es lo único que hay de lluvia Flota en el aire por algunas horas antes de que el sol caliente salga como un gran ojo anaranjado por la colina del este Una fila de niños caminaba por la niebla a través de un estrecho sendero por al selva Cargaban jarros de calabaza para el agua en la espalda Estos porta agua venían de las pequeñas casas que rodeaban la ciudad ceremonial de Uxmal iban de camino a la cueva de los pozos Cada mañana encontraban a la anciana de rodillas ante la cueva con una canasta cubierta junto a ella
Ella tendía su mano Con una voz áspera como las hojas de maíz al viento gritaba Un huevo Dame un huevo y te mostraré a Tzab-Can Desde adentro de la canasta se escuchaba un ruido apagado como gotas de lluvia golpeando las hojas secas de la selva No queremos verlo decían algunos de los porta agua refunfuñando Escuchen La anciana inclinaba la cabeza Canta con su cola Resopló una risa de ave vieja Luego como lo hacían siempre el primero de los porta agua sacaba lentamente un huevo del bolsillo y lo colocaba en la palma brillante de la anciana Los niños se amontona ban sobre la anciana que le susurraba algo a la canasta Un duro y vil traqueteo salía de ella La anciana quitaba la tapa y una lengua negra se asomaba por el borde de la canasta Es Tzab-Can gritaban los niños y daban un salto atrás Pero sin dejar que sus jarros de calabaza se cayeran La anciana graznaba de júbilo Colocaba con rapidez la tapa y se dirigía a los niños sonriéndoles con su cara arru gada Ven se reía como ella los espera Los niños corrían a la cueva bajaban por la escalera y llenaban sus jarros en los pozos pandos en los que los chachalacas chachalacas y las palomas de tierra venían a beber en la temporada seca Cada mañana cuando trepaban para salir la anciana había desaparecido junto con la niebla Antes de que llegaran a los jardines de sus casas podían escuchar el llamado de caracolas resonando desde la cima del palacio del Gobernador anunciando la salida del sol Y podían ver sobre las copas de los árboles la cima de la Gran Pirámide por cuyas escalinatas los sacerdotes se apresuraban con agilidad mientras los penachos de sus tocados ondulaban ondulaban al correr
Los porta agua no sabían pero la choza de la anciana se situaba en la profundidad de la selva lejos de las suyas A veces alimentaba a su serpiente con el huevo que le daban A veces lo cocinaba y se lo comía ella Pero una vez porque ella siempre había querido un hijo envolvió un huevo con uno de sus vestidos llamados huipil y lo colocó sobre una roca suave y lisa en el suelo Luego se arrodilló rezó a sus dioses y esperó a que el huevo naciera A la mañana siguiente los niños no la encontraron en la cueva Tzab-Can la mordió dijeron Pero eso no era cierto Cuando el sol bajó Tzab-Can subió con cuidado sobre el huipil y se enroscó alrededor del huevo para mantenerlo a salvo toda la noche mientras la anciana rezaba Día tras día la temporada seca agrietaba el suelo y volvía polvo a la tierra La anciana siguió sentada frente al huevo cubierto mientras el sol quemaba el techo de la choza Al medio día se ponía tan caliente que la serpiente apenas se podía mover Se dejaba caer de golpe al suelo